Mira cariño, llevo toda la semana viendo videos de tías que te dicen que “sé tú misma” y luego se ponen a dar consejos de como hacerte la interesante, en plan, respirar para que te mire. Y yo flipando, porque mi experiencia es totalmente distinta, vale. Resulta que el verano pasado me dio por enrollarme con un chico que era un auténtico dandi, de esos que planchan hasta los calcetines. Y yo, que soy más de llevar el chándal con la mancha de tomate del bocata del día anterior, pensé que acojonaría si me ponía un vestidito y le hablaba de arte moderno. Mentira. Quedó conmigo una semana y luego me dejó plantada por un grupo de Facebook donde hablaban de setas. Enserio. Setas. Y me quedé tan pillada que decidí que la próxima vez sería yo la que eligiera. Todo esto, por favor, no lo hagáis, porque al final del lío, estáis más perdidas que un pulpo en un garaje. La clave, cielo, es mucho más simple y subidita de vueltas. Se trata de que le des caña con lo que te jode, pero en clave de risa. ¿Que no baila bien? Pues le dices: “guapo, con esos pies no te cuento para el Okupa, pero para mi salón eres decorativo”. Y ahí, a ver si la lió. Eso sí, no lo hagas delante de sus amigos, eso es solo para vosotros, corazón. Y, por supuesto, no te olvides de hacerle la conquista a él, pero a tu manera. Ni puta idea de lo que digo, la verdad, porque el otro me liaba con los silencios incómodos y yo me ponía a hablar de mi gato. Pero bueno, es lo que hay, tío. Tú haz que se ría, pero sin ser su payasa. Busca el tono de la cosa, que te vean segura sin tener que hacer malabares con la falda. Igual soy una rara, pero a mí me va la gente que sabe callar cuando hace falta, no los que hablan por hablar. Y, para que veas que no todo el monte es orégano, te cuento que luego de eso probé con otro chaval, un poquito nervioso, y en vez de mirarle a los ojos le conté como se hacen los huevos rellenos, Pero quedó tan embobado que me pidió la receta, Porque la madre lo tenía frito y no sabía con que hielo echarle. En fin, que la vida es eso, darle al coco y no comerse el coco con las flores. No es cuestión de ser la tonta guapa ni la lista fea, sino de ser la que lo pasa bien con lo básico: una birra, un paseo de perros (los suyos). Hazme caso, el que se interesa por ti se acuerda de lo que odias, no de lo que disimulas. Ahora respóndeme a esto, que me ha llegado un mensaje de una seguidora: “¿Pero es que nunca has pensado en que no te haga de grac