Vale, cielo, siéntate que te voy a contar un secreto que flipas. Llevo toda la semana dándole vueltas al tema. Porque, ¿qué coño significa cuando te mira así, fijo, sin pestañear, como si estuvieras resolviendo una ecuación de esas que ni los de la ESO? Y yo, que soy de las que piensan que las miradas son más falsas que un euro de madera, me he puesto a hacer un experimento casero. La otra noche, en un bar de esos que huelen a sudomas y a gintonic barato, me quedé mirando a un tío que estaba a tres mesas. No te digo que fuera Brad Pitt, para nada. Pero el tío, de repente, me devuelve la mirada y aguanta. Y yo, con mi orgullo de barrio, no aflojo. Y él, tampoco. Y así estuvimos como cinco minutos, hasta que me empezó a picar el ojo y tuve que parpadear como una posesa. Resultado: el tío se rió y me pidió un cubata. ¿Eso significa que le gusto? ¿O que soy una pirada que se queda embobada mirando al personal? Mira, yo creo que la cosa va más de contexto que de otra cosa. Si te mira mientras te está contando una putada de su jefe, eso es que quiere que le des la razón. Si te mira mientras te toca el hombro, eso es otra liga distinta. Pero si te mira así, como pesando si mereces la pena, ay, cariño, eso es que te está haciendo un test. Y los test nunca salen bien. Se me ocurre un ejemplo, cuando iba con mi prima a las discotecas. Ella miraba a los tíos como si fueran mosquitos, con asco. Y los tíos, en vez de huir, se acercaban más. En cambio yo, que pongo cara de he visto un fantasma, pues nadie me mira. Sacad conclusiones. Ahora, si me preguntas a mí, que la ansiedad me come por dentro cada vez que alguien mantenme la mirada. Para mí, que te miren es como un juego de poder. El que mira primero, gana. Y si te aguanta la mirada y encima te sonríe, eso es que te tiene colonizada en su cabeza. Lo siento, pero es la pura verdad. Pero bueno, no quiero ser agorera. Porque luego está el otro caso: el que te mira, aparta la vista y se pone a hablar con su amigo. Ojo, ese es de los que mañana te tienen olvidada. Un amigo me dijo ayer: "Tú lo que necesitas es un tío que te mire con ojos de bulldog, no de pastor alemán". Y me quedé tan a cuadros. Porque los pastores alemanes son los que vigilaban las cárceles, no los que muerden. Y ahí me dejó. Hasta un comentario de una seguidora que me escribió: "Eso es mentira, mi novio me mira así y luego ni me pela". Tranquila, ella. Pues entonces no sirve de nada, porque lo de hablar es fácil. Lo de mirar también. Lo complicado es que las dos cosas vayan a juego. Y hablando de juegos, ayer vi una oferta en el super de garbanzos cocidos a 0,80. Qué pereza eso de cocerlos tú. Perdona el cambio de tema, pero es que en esta vida, si no te pones las pilas con las legumbres, acabas comiendo prismas. En fin, que si te mira, no te lo tomes tan en serio. Puede que solo tenga una mota en el ojo o que esté buscando a su amigo detrás de tu cabeza. Que no te engañen con esas teorías de que siempre se para el cuerpo y que ya lo yo, la semana pasada, porque miré a